Correr para Sanar, Correr para Vivir
Tenía ya un tiempo sin escribir; sin embargo, creo que cada cosa tiene sus tiempo y bueno... llego el momento de escribir de nuevo. Esta vez quiero hablar de la muerte y lo haré con una vieja pero confiable frase.
"La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja..."
En principio esta frase parece vacía, pero la verdad es que a pesar de los avances tecnológicos y sociales, todavía no sabemos lidiar con la partida de nuestros seres queridos.
Esto no tiene nada de malo o extraño, porque al fin y al cabo somos seres sociales, generamos lazos y afinidades; y por más que se hable de la muerte, la verdad es que sigue siendo un tema difícil de tratar.
Hace un poco más de dos meses perdí mi madre, después de un largo y difícil proceso, pero por raro que esto te vaya a sonar, quiero decirte que el running me ha ayudado a aceptar de una mejor manera la partida de mi madre; y de hecho, enfocar mi energía como fuente de motivación para el futuro.
Está claro que desde el punto de vista mental y anímico perder a alguien querido es algo muy difícil; basicamente porque al cerebro le cuesta naturalizar el hecho que se enfrenta ante una ausencia definitiva, a esa idea de no volver a ver o conversar con esa persona amada.
Tal vez en estos momentos te estés preguntando... ¿Y cómo esto se conecta con el running y un proceso de aceptación? Tranquil@, sé que por ahora no es claro, pero no te preocupes que ya te lo voy a contar.
El Running como muchas cosas en la vida; a pesar de ser algo tan natural, no es algo que genera resultados inmediatos, más bien, se trata de un proceso continuo de aprendizajes que poco a poco va aportando experiencias, satisfacciones y conocimiento.
Precisamente es en esa noción de "proceso" es donde reside la relación entre el duelo, el running y la superación.
En el running nada viene por suerte o por arte de magia, esto implica que el running es un camino donde el progreso y la continuidad van de la mano.
Si te fijas todos los corredores vamos de menos a más, todo es poco a poco... acumulamos más distancia, nos sentimos más cómodos corriendo y en función de ello, vamos poniendo nuestro cuerpo y nuestra mente a prueba.
Un proceso de duelo, a pesar de percibirse como muy diferente a uno de running sigue siendo un proceso, esto debido a su naturaleza gradual. Es un proceso que implica en primer lugar la aceptación de la partida física de la persona querida; y entender que el mundo no se detiene a esperarte a pesar de las circunstancias, es como seguir entrenando cuando no sientes todavía un resultado claro, o hacer a sesión programada a pesar de no tener ganas de correr; pero a pesar de ello, te aseguro que internamente están pasando muchas cosas y creo que es una de las cosas más bonitas del proceso... las cosas buenas ocurren incluso sin que te des cuenta.
Despúés de ese primer paso viene una etapa de enfoque, ya que una vez establecida la aceptación (desde el lado del duelo) y establecido el hábito (desde el lado deportivo), es el momento que cuerpo y mente deciden remar en la misma dirección, lo cual marca de forma ineludible la hora de embarcarse en el camino de la superación.
Como ves el duelo y el running tienen mucho más que ver de lo que en principio parece; y en lugar de vivir ambos procesos por separado he decidido unirlos en un mismo camino.
Creo que esta unión simplemente fluyó de forma natural, no sé si es porque correr era ya desde hace rato mi lugar para encontrar la calma, para encontrar paz y a fin de cuentas para encontrarme a mí mismo.
En ese momento comprendí que correr me estaba dando las herramientas necesarias para asimilar y superar la muerte de mi mamá. Entendí que su partida me estaba dejando algo más que el dolor de su ausencia física, me estaba dando la oportunidad de conectar con ella de otra manera; conectar y vivir a través de la memoria.
Entendí que de alguna manera si recordaba su vida y sus acciones podría mantenerla con vida... de otra manera claramente... y si lograba conectar sus aprendizajes y su filosofía de vida con un propósito claro, definitivamente estaría asegurándo que ella viviera por siempre en mis pensamientos.
Unos días después de su muerte y de manera casi instintiva, me puse mi ropa para correr y sin pensarlo mucho me fui a una de mis montañas favoritas para conversar conmigo mismo; y de alguna forma encontrarla en medio de la neblina del bosque, sus árboles, en las flores y los acantilados que conectaban a la montaña con el mar.
Allí entendí que puedo seguir estando cerca de ella y hacer lo que me gusta al mismo tiempo; en ese lugar el duelo dejo de ser duelo y se convirtió en una revelación que vino de golpe y con una idea clara... mi propósito es honrar a mí madre y todo lo que hizo por mí recorriendo kilómetros con su nombre en mi mente.
Este fin de semana voy a correr mi primera carrera del año y la primera carrera que hago después de su partida física; y creo que esta no será una carrera cualquiera, porque mentalmente estaré haciendo honor a un ser humano excepcional que incluso después de su muerte sigue viva en cada zancada y me impulsa a ser mejor persona y mejor corredor.
Por lo que te he contado anteriormente puedo decir sin miedo a equivocarme que correr nos une (con otros y con nosotros mismos) y nos cura, dejando ir lo que hay que dejar ir, y abrazar y honrar lo que es realmente importante.

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